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Emergencia social en la sanidad pública PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por Carlos García   
jueves, 01 de marzo de 2007

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Carlos García
Que existe una emergencia social y ciudadana en la sanidad pública en estos momentos parece un hecho innegable. Muchas son las noticias que nos informan, casi a diario, de las graves situaciones que están sufriendo los enfermos que acuden a los servicios de urgencias de nuestros hospitales públicos. Muchas son las voces que denuncian los colapsos asistenciales que soportan los pacientes, no solo por casos urgentes que precisan de camas para ser ingresados, y que mientras se estacionan y hacinan en los pasillos de los sótanos de los centros sanitarios, sino, además, los retrasos y las suspensiones quirúrgicas de aquellos otros, que estando en lista de espera y programados por los médicos que los atienden, no son ingresados y reciben su tratamiento por no disponerse de camas hospitalarias.

Desde hace más de dos años hemos venido denunciando públicamente, al igual que otros sindicatos, esta situación intolerable que cada vez más aflora y se conoce públicamente. Y por ello fuimos tachados de alarmistas y terroristas sociales por parte de gerentes hospitalarios, directores médicos, consejeros de sanidad y otros gestores de la sanidad pública. Denunciábamos que no eran problemas puntuales, como nos querían hacer creer, de picos estacionales en determinados meses del año, producto de la gripe, cambios climáticos, y otras tonterías inventadas, sino producto de una planificación y gestión irregular de los recursos públicos sanitarios, fomentada, mantenida y ocultada por los propios directores y gerentes que nos acusaban. Hoy, años después, son ellos mismos los que convienen en aceptar que es una situación mantenida en el año, no estacional ni puntual, sin poder concretar una solución al grave problema que tienen planteado y que no quieren corregir. Y se quedan tan panchos como si nada.

Llevamos denunciando, desde hace años, que la política de concertación privada en materia sanitaria es una situación anormal y favorecedora de intereses empresariales que debe ser investigada con profundidad, fundamentalmente para dar solución a una demanda social a la ciudadanía que ve como sus derechos a la salud son violentados sistemáticamente no recibiendo un servicio sanitario al que tiene derecho. Creo que va siendo hora de que fiscales, delegados del gobierno y cualquier otra autoridad gubernamental, judicial o la que sea, intervengan para investigar y solucionar un problema social de máxima prioridad.

Porque esta situación de colapso de los servicios de urgencias hospitalarios, de la falta de camas para ingresar a los pacientes de lista de espera quirúrgica, tiene solución rápida y eficaz. Lo que ocurre es que no quieren ponerla en práctica.

Esta solución pasa por cambiar los conciertos y contratos con los centros privados para que acepten e ingresen en sus dependencias a los pacientes que colapsan y masifican los hospitales de referencia, que no pueden realizar sus labores con normalidad por no disponer de las camas suficientes al estar llenos de enfermos que podrían estar ingresados en esos otros centros. Pero la política económica de favorecer determinados intereses no lo permite; porque es más rentable económicamente, realizar procesos quirúrgicos de las listas de espera de los propios hospitales, que atender urgencias e ingresar pacientes derivados de las salas y pasillos masificados de los hospitales de III nivel.

Mientras tanto, es igual que los enfermos estén días y días en pasillos en condiciones deplorables, hacinados, mal tratados, complicándose y, quién lo niega, incluso falleciendo, en una permitida deshumanización y falta de ética profesional que no entiendo como se tolera y se permite en una sociedad y estado de derecho avanzado, democrático y en pleno siglo XXI. Mientras tanto, los pacientes de listas de espera de meses o años, que ya creen van a ser atendidos porque les han avisado de que están programados para ser intervenidos un día señalado, ven, una y otra vez, como de nuevo son suspendidos y no ingresados manteniendo una indefensión continua que no parece tener final para solucionar su enfermedad y padecimiento.
Se me ocurre una idea que puede tener alguna posibilidad para intentar solucionar este mal crónico que todos conocen, denuncian, informan y reclaman pero que nadie soluciona: ni gerentes, directores médicos, consejeros de sanidad, políticos, autoridades, diputado del común, sindicatos, usuarios,…

Hemos conocido por informaciones de la prensa que durante los carnavales se elabora y pone en funcionamiento un hospital de campaña para dar cobertura y atender los casos urgentes que se presenten. Sabemos que cuando arriban cayucos a nuestra isla, con un número grande de inmigrantes ilegales, se montan estos mismos hospitales de campaña para dar solución a las urgencias que se necesiten atender. Son hospitales con una dotación de 12 camas de observación, con unidad de recuperación de 45 camas más, con unidad aparte para atender a menores con 15 camas añadidas…En definitiva, con un buen número de camas que se utilizan para emergencias y atendimiento de urgencias.

En las condiciones actuales en las que las urgencias hospitalarias colapsan y desbordan nuestros centros, podría pensarse en disponer de unos hospitales de urgencias, al estilo de los de campaña de los carnavales, para asistir a los enfermos que lo demanden. Porque parece mucho mejor tener camas y un recinto donde atenderlos, que tenerlos “tirados” en camillas y en pasillos.

Podría pensarse en crear unos barracones, equipados, con infraestructura y aparataje básico, con personal adecuado y suficiente para que las urgencias sean allí remitidas y atendidas, lo que redundaría en desbloquear los hospitales y así disponer de más camas quirúrgicas. Podría pensarse en soluciones novedosas que no exigen grandes presupuestos y darle satisfacción a las demandas ciudadanas que exigen el derecho a la salud y sanidad.

Y si podemos ponerlo en práctica en los carnavales, jactándose de lo bien que lo hacen y ejecutan y de los servicios sanitarios que proporcionan, ¿como no podemos poner en práctica algo parecido para no mantener este esperpéntico y tercermundista estado actual en la sanidad pública de Canarias que tiene indicios de emergencia social?

 
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