El pasado viernes día 23 de febrero tuvo lugar en La Laguna un Homenaje al estudiante JAVIER FERNÁNDEZ QUESADA, casi 30 años después de su asesinato (el 12 de diciembre de 1977) en el Campus de la Universidad de La Laguna, bajo las balas de la Guardia Civil. En el acto intervino Chano Álvarez Cambreleng
El caso de Javier Fernández Quesada puede quedar fuera de la Ley de Memoria Histórica, porque la normativa recoge sólo aquellos casos sucedidos entre el 1 de enero de 1968 y el 6 de octubre de 1977. No habrá reparación ni indemnización sólo por 77 días.
Javier Fernández Quesada estudiaba Segundo de Biológicas, tenía 22 años. Era simpatizante del Partido Comunista Canario Provisional, que luego formó Pueblo Canario Unido (PCU) con el grupo de Fernando Sagaseta.
Teodoro Santana, Secretario Nacional de Unidad del Pueblo, recuerda las muchas reuniones que compartió con Javier Fernández Quesada en Las Palmas (1976): "Estábamos juntos en una célula de formación marxista del clandestino PCC(p). Nos reuníamos en casa de un primo suyo, Lito, en el Paseo de Madrid. Además de Javier, Lito y yo, participaban Paco Saavedra y Paco Hernández, un camarada argentino que dirigía la célula, y que hace muchos años que terminó su carrera de Ingeniería Industrial y volvió a su país. Por esa época Javier estaba haciendo la mili, por lo que tenía que andar con especial cuidado. Lo recuerdo siempre animoso y comprometido. Su muerte fue un duro golpe en lo personal, no sólo para mí, sino para toda nuestra generación. Las manifestaciones que siguieron fueron las más duras de toda la transición. Pero manteniéndonos en la misma lucha por una Canarias libre y socialista celebramos su vida y honramos su memoria".
Javier cayó asesinado, pero hubo varios heridos ese día: Fernando Jaezurría, de 18 años de edad, estudiante de 1° de Farmacia, con una bala en un brazo. O Nicolás, de 13 años, herido de bala en un hombro mientras observaba desde su colegio los acontecimientos. O los múltiples heridos por los botes de humo y balas de goma, personas, la mayoría de ellas que eran ajenas a los hechos (algunas fueron alcanzadas en sus casas), y los numerosos detenidos y golpeados en las jornadas de luto y de lucha que se sucedieron a continuación.
Estos hechos acaecieron bajo el mandato de Adolfo Suárez, Martín Villa como Ministro del Interior y Mardones Sevilla como Gobernador Civil, que enviaron a Tenerife a 600 agentes de la Policía Armada.
Canarias Insurgente, revista de la CNT relata que Aún hoy estos luctuosos hechos continúan sin esclarecerse, a pesar de contarse con la declaración de testigos presenciales. La jurisdicción ordinaria se inhibió en favor de la jurisdicción militar, que no hizo nada concluyente, y, la Comisión de las Cortes creada al efecto e integrada por la UCD, PSOE, Coalición Democrática (hoy PP) y el PCE, abrió una investigación que de nada sirvió. Muchas son las preguntas que quedan aún sin respuesta, entre ellas si fue el Gobernador Civil, Mardones Sevilla, como máximo responsable de las Fuerzas de Orden Público, el que le dio la orden a la Guardia Civil para entrar en la Universidad disparando balas de fuego real.
Un testigo relató para la citada revista: "Vi cómo Javier caía tocado de muerte. Yo mismo acudía a recogerle, le introdujimos en la Universidad y le dejamos casi en la misma puerta. Un estudiante de Medicina le examinó y en aquel momento justo expiraba. Los estudiantes gritaron para que la Guardia Civil cesara de disparar y uno de ellos salió con una bandera blanca, pero los disparos continuaban y tuvo que refugiarse en una columna. Siguió agitando el pañuelo y gritando. Cesaron los disparos contra la puerta y apareció otra persona con las manos en alto, que descendió la escalinata como para parlamentar con la Guardia Civil. Varios guardias le golpearon y le pusieron contra la pared, donde ya había otro detenido con las manos en alto. Entretanto continuaban disparando contra la fachada, cuatro estudiantes sacaban a Javier. Mientras los Guardias Civiles se lo llevaban, otro Guardia seguía disparando en dirección a la calle de la trasera de la Normal. Por fin también se retiró este Guardia sin ser hostigado por nadie".
Los periodistas Daniel Millet y Octavio Hernández publicaron en La Opinión, La Provincia y Rebelión, el pasado noviembre:
Carlos Fernández Quesada estuvo en la concentración en la que murió su hermano Javier. Era un estudiante de Psicología en la Universidad de La Laguna de 19 años. Hoy tiene 48, reside en Las Palmas y trabaja para el Servicio Canario de Empleo. De dos horas de entrevista con él surge esta crónica en la que Carlos reconstruye en primera persona aquel drama que le tocó tan de lleno. “Yo estudiaba Psicología en la Universidad de La Laguna. Aquel año casualmente mi hermano Javier había empezado a vivir conmigo en un piso de la calle Viana. Tenía 19 años y él me llevaba tres. Me levanté como cualquier otro día. Fui a la Recova y luego, junto a un compañero, al campus. Allí nos encontramos con la manifestación. El ambiente se fue caldeando con la aparición de los policías. Los agentes se retiraban y volvían. Hubo varios enfrentamientos con los antidisturbios, pero que eran normales en aquellos tiempos. Nos extrañó ver que en un momento dado aparecieron jeeps de la Guardia Civil. Los policías parecían retirarse definitivamente. Eran casi las tres de la tarde. Cuando muchos de los manifestantes empezábamos a marcharnos, llegó de repente la carga de la Guardia Civil.
Nadie se lo esperaba. Entraron por la puerta que da a las instalaciones deportivas y lo hicieron incomprensiblemente disparando a todos lados. No recuerdo cuántos serían, pero no más de diez. Lo normal era que cargara la Policía con material antidisturbios. Y si había lío. Pero había calma y era la Guardia Civil. En un primer momento pensé, como tanta gente, que eran balas de fogueo. Sin embargo, cuando vimos los impactos en la pared de la entrada principal de la Universidad supimos que eran balas de verdad. Salimos por patas. Salí al exterior del campus y me fui a casa a refugiarme. Mi hermano no llegaba, pero tampoco me preocupé en ese momento. Cuando a eso de las cuatro de la tarde volví al hall del edificio central me encontré con que había una asamblea y mucha indignación. Se comentaba que había caído un estudiante. Allí me encontré con otro hermano (éramos tres estudiando en La Laguna). Ricardo estaba entre Javier y yo en edad y también había vivido la carga y las concentraciones. Cuando vi a Ricardo empecé a sentir malas vibraciones. No sé. Nos preguntamos dónde podía estar Javier. Lo habíamos visto esa misma mañana en la manifestación. Poco después nos comentaron en el mismo hall que se hablaba de que le habían dado a un tal Javier, que se lo habían llevado los guardias civiles. Primero nos dijeron que se lo habían llevado a un hospital, después que estaba en el cementerio de La Laguna...
Nosotros nos presentamos en la comisaría de Policía de La Laguna y dijimos que éramos los hermanos de Javier Fernández Quesada. Lo primero que nos preguntaron fue que a quién nos referíamos. Les explicamos lo que había pasado y nos hicieron entrar. El ambiente era tremendo. Se palpaba la tensión, más cuando la noticia ya había corrido por toda La Laguna. Estaban sobreexcitados, como si todos mascaran chicle. Un comisario nos hizo pasar a su despacho y nos dijo que a la Guardia Civil se le había ido la mano, que ellos se habían retirado y que había un fallecido, un tal Javier, al que debíamos reconocer. Nos llevaron en un jeep antidisturbios al cementerio de La Laguna acompañados por varios agentes. Era increíble. Ya se había congregado gente en los alrededores del cementerio. Nos hicieron pasar al cuarto mortuorio y apenas empezaron a destapar el cadáver ya supimos que era él.
Conservo con gran indignación lo que sucedió después: la presión policial, las burlas de los agentes, los inconvenientes... Ya en el mismo aeropuerto de Los Rodeos, cuando fuimos a buscar a otro hermano pequeño y a mis padres se produjo una carga policial. Había decenas de manifestantes, pero apenas portaban unas cuantas pancartas. Se presentaron para apoyarnos. Mis padres saliendo y los agentes cargando. Era una locura. Mi madre gritaba que no le mataran a más hijos, nosotros fuera de sí, ella sujetando a mi padre porque se iba a por quien fuera... La cosa se terminó calmando, pero los nervios permanecen. Nos volvimos todos con el cuerpo de Javier. Recuerdo aquel horroroso viaje: el día nublado, el fokker moviéndose todo el rato, nosotros sin saber qué decir...
Compañeros de mi hermano que desde un primer momento nos apoyaron, tuvieron que soportar las burlas de algunos agentes que se presentaron allí durante el velatorio. Mis padres eran presa de una doble sensación: la impotencia y la contradicción. Mi padre, que falleció hace ya años, era una persona con poco nivel cultural. Era un empleado y mi madre llevaba una de las zapaterías de la familia en Gran Canaria, Calzados Quesada. No estaban en ningún movimiento antifranquista ni nada por el estilo; eran normales, las típicas personas criadas en la moral franquista. Estaban destrozados y encima recibieron llamadas amenazantes. “Recuerden que les quedan cuatro hijos”, les dijeron. No entendían nada, sobre todo los hechos posteriores: la represión indiscriminada contra todas las movilizaciones. Atacaban hasta a los que llevaban un simple crespón negro. Guardo casquillos de bala de aquel día y testifiqué voluntariamente ante la comisión de investigación. Luego me dijeron que en verdad a Javier le dispararon a quemarropa. Incluso, que el agente era muy joven y que fue enviado a Lanzarote. Da igual. Los rencores los he superado, aunque no haya habido ayudas, ni poceso judicial, ni verdad. Y es que lo que más me dolió fue cómo se manipuló esta historia”.